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No hay quinto malo, al menos
para un Atlético que ya encadena una 'manita' de victorias seguidas (15 puntos
de 15 en juego), tras su neta exhibición en Getafe (0-3). Los de Bernd Schuster
siguen viviendo de las rentas, lejos del descenso y de objetivos mayores que
alguna vez se plantearon.
El partido se jugó sobre
un manto blanco de granizo, que
disfrazaba el Coliseum Alfonso Pérez de estadio moscovita. Pero sobre el
Luzhniki getafense no salió perjudicado el equipo visitante. Salieron dañados
los hombres azules de Bernd Schuster, con poca capacidad para sacar el balón con
coherencia en los primeros minutos y con ansiedad creciente a medida que el
partido se le ponía cuesta arriba. |
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Y es que este Atlético embalado se va
acostumbrando a vencer. El cuadro que
entrena Pepe Murcia está tan inspirado como bien organizado. Aquellos tiempos en
los que meter un gol era prácticamente una ensoñación han pasado. Torres,
Kezman, Maxi y demás atacantes fallan demasiado en condiciones favorables para
el gol, pero de tanto repetir la suerte, de tanta insistencia, de
tanta ambición táctica, consiguen
ponerse con saldo positivo tarde o temprano.
Conserva el Atlético sus sufrimientos habituales
en las jugadas a balón parado, pero es evidente que ahora trabaja en zona y
desconecta las neuronas de su rival, trabaja sus jugadas a balón parado y las
rentabiliza, estudia y perfecciona facetas del juego que antes de la llegada de
Pepe Murcia al cargo de entrenador tenía abandonadas.
El
hombre de la semana, Mariano Pernía, apenas
apareció. Sacó la cabeza en el lanzamiento de una falta, sensacional de
potencia, ligeramente desviado en su dirección. Después, se quedó encerrado en
su parcela, apenas entró en la pomada ofensiva y estuvo muy preocupado por que
no se le colaran rojiblancos por su zona.
Todas estas ideas quedaron expuestas en el
primer gol, cuando Luccin aprovechó el
rechace desde la segunda línea para incrustar el balón en la meta de Calatayud
de un fuerte derechazo; en el segundo, cuando
Maxi recolectó una entrega defectuosa de Matellán y soltó un zapatazo a
la escuadra imposible de neutralizar, y también en el tercero, de Torres en su
estampa clásica, recogiendo un balón con metros por delante y mezclando
velocidad con precisión para batir al portero rival.
A Murcia le gusta el Atlético clásico de
contraataque: mediocentro listo y balones en diagonal para la carrera del
rematador. Pero en Getafe, como en muchas fases del partido en el Camp Nou ante
el Barcelona, quiso ser dominador y
llevar la manija. Es valiente y confía en sí mismo. El fútbol es, muchas veces,
una simple cuestión de confianza. |