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Lejos queda aquel 29 de octubre
1994 donde sorprendió a la España futbolística con su impagable esfuerzo y su
facilidad para encontrar resquicios en la defensa del Zaragoza en La Romareda.
Le coronan 180 goles y una trayectoria inmaculada en la que nunca ha sido
expulsado.
Primeros recuerdos Hubo que esperar a que se recuperara de la
lesión más grave de su carrera, pero llegó el día en que Raúl González Blanco
sumó un nuevo récord a su carrera. El propio capitán rememora con nostalgia el
día de su presentación en sociedad: “Fue un sueño hecho realidad. Desde niño
quería jugar en Primera División y los recuerdos son de mucho cariño, de
múltiples sensaciones… y de una derrota pese a que tuve cuatro ocasiones claras
de gol”… Cierto, no acertó en La Romareda. Pero una semana después, en un
Bernabéu abarrotado, mandó a la escuadra un centro de Laudrup y se transformaba
en su primera celebración como goleador de Primera División: “¡Qué emocionante!
Salí corriendo, me abracé a Dani, con el que compartía habitación. Canté, salté,
grité… y luego, cuando me sustituyeron en el minuto 70, con el Bernabéu en pie,
noté algo increíble”.
Ese mismo ejercicio,
1994-95, Raúl contribuyó, aunque no marcó, en el terremoto blanco que pasó por
encima del Barcelona el día de Reyes (5-0): “Nos habían goleado la temporada
anterior, y durante toda la semana la gente estuvo impresionante apoyándonos
constantemente en la antigua Ciudad Deportiva. Disfrutamos muchísimo porque un
resultado así no se consigue todos los días”. Su primer año se cerró levantando
su primer título, la Liga, en un partido ante el Deportivo de la mano del
impulsor de su carrera, Jorge Valdano: “Salí al campo y nos empataron. Menos mal
que decidió Zamorano. Había perdido la titularidad en las últimas jornadas, pero
con 17 años lo celebré por todo lo alto porque además llevábamos tiempo sin ir a
la Cibeles. Fue una gran locura”. El joven ‘7’ iba cogiendo experiencia,
desquiciando a los defensas de Valencia, Deportivo, Sevilla, Athletic… Fue
precisamente en San Mamés donde cumplió la media centena de encuentros
(24-1-96): “Lo pienso, y aquel día era atípico porque acababan de echar a Jorge
–por Valdano-, y estaba triste. Él había sido quién me había dado la
oportunidad. Ganamos, marqué, pero no lo celebré. Se lo dediqué a él, me salió
natural, no tenía nada pensado. Tras aquello, me di cuenta de que en el fútbol
iba a tener muchos entrenadores”.
Partidos míticos, actuaciones
irrepetibles y gestos para el recuerdo han jalonado su trayectoria. Y sin duda,
para el madridismo, siempre estará grabado aquel gol en el Vicente Calderón tras
recortar a Geli y López, y batir a Molina con frialdad (18-1-97): “Era la época
de Capello, acababa de debutar con España, y fue ahí cuando mi carrera subía,
era un punto de inflexión. Logré dos goles, pero el que me marcó fue cuando
estábamos con diez… y sólo me acuerdo de salir corriendo por el Fondo Sur, muy
osado por mi parte, y celebrarlo efusivamente. Siempre es muy importante ganar
un derbi”. Paso a paso, hasta hacerse centenario en un apático encuentro ante el
Compostela en Chamartín (7-4-97): “No tuvo trascendencia”. Sí que la tuvo el
encuentro de vuelta frente a los rojiblancos, donde “conquisté mi segunda Liga
en un año complicado porque el Barcelona nos echó de la Copa, y no disputábamos
competiciones internacionales. Marqué ese día y gozamos de otro título”.
Empezaba el camino hacia la Séptima.
Con clase y elegancia
marcó los tantos 50 y 52 –entre medias anotó en Mestalla- ante la Real Sociedad
en el Bernabéu y el Sporting en El Molinón. Del primero apunta que “fue
irrepetible. De mucha calidad porque la dificultad era máxima”; y de la cita en
Asturias –en un disparo desde el vértice del área que entró por la escuadra más
lejana- sonríe cuando dice que “vi Ablanedo adelantado y le pegué con dos dedos.
Tengo que decir que guardo ese gol con mucho cariño”. Parecía que cada
aniversario liguero estaba reñido con el triunfo del equipo porque ante el
Betis, en su partido 150 (4-10-98), “mi contribución –anotando- no sirvió para
nada porque ellos fueron superiores y ganaron”. Esa misma temporada, y ante el
Valladolid (7-2-99), Raúl sellaba su primer hat-trick y doblegaba a los
pucelanos (3-2): “Guardo imágenes muy bonitas, como el balón que me llevé
firmado porque no ese logro no se consigue todos los días”. Esas dianas
sirvieron para que el canterano se alzara con el Pichichi reforzándolo con un
doblete ante el Deportivo: “Peleaba con Rivaldo y esa jornada, la última,
conseguí la diferencia necesaria. Era una pequeña revancha en una mala
temporada”.
Silencia el Camp Nou Ni se
jugaba la Liga, ni había un título en juego, pero Raúl González quería continuar
su leyenda. El 13 de octubre de 1999, en una actuación sublime, batía dos veces
a Hesp en el Camp Nou y en el segundo, pidió silencio a una parte del público
que “estaban diciendo cosas que no me gustaban mucho. Era un momento de rabia, y
fue un gesto espontáneo. Pasó a la historia por una situación concreta, y sigo
diciendo que respeto mucho a la afición del Barcelona. Aunque, por encima de
eso, debo decir que merecimos más que el empate”. Seguía sumando y sumando, y
así llegó al bicentenario de entorchados, coincidiendo con una de sus mejores
rachas –cinco goles en cinco partidos-: “Estaba en un momento dulce, y fue
importante, porque ese año no estaba atinado con la portería contraria. Vivíamos
los primeros meses con Vicente del Bosque, y con él, y precisamente en Zaragoza,
llegué a los 100 goles” (15-4-00). Aunque pese a anotar el tanto de la victoria,
que fuera de penalti no llenó del todo al capitán.
Sin ser un delantero
centro a la antigua usanza, el madrileño puede alardear de dos trofeos Pichichi.
Su segundo galardón coincidió con su 250 aniversario y su tercera Liga en la
2000-01 en “un partido maravilloso en el Bernabéu. Fueron dos, el equipo marcó
cinco y fue una fiesta redonda. Luego, cuando me proclamé máximo goleador ante
el Valladolid –otro doblete-, tuve la oportunidad de participar en la despedida
de Sanchís, y me empezaba dar cuenta de que ya era uno de los veteranos”. Con
España y Europa rendida a sus pies, y en el camino de engrandecer su leyenda en
la Liga de Campeones, llegó el partido 300 en Balaídos: “Zidane me dio el pase
del 0-1 y nos llevamos una victoria muy importante”. Para las emociones fuertes
hubo que esperar al final de la campaña, donde colaborando con goles
importantes, doblete en el Calderón incluido, lograba, hasta la fecha, su última
Liga: “La Real Sociedad tenía el título en el bolsillo, pero la dejó escapar
porque nosotros no fallamos en los partidos importantes. En el derbi los
rojiblancos pensaban que nos podían quitar la Liga, pero fuimos contundentes,
0-4”.
Ya con los Beckham, Ronaldo y
compañía, Raúl seguía sumando, y lo hacía con otro hat-trick (13-9-03):
“Estábamos iniciando la Liga y era difícil hacer un resultado tan complicado de
ver en la actualidad”. Llegó al partido 350 en uno de sus campos malditos,
Riazor, donde en el presente ejercicio rompió con su sequía en La Coruña: “No se
nos da bien, pero todo en esta vida cambia”. Una carrera fulgurante, repleta de
éxitos y llena de retos personales que ha ido superando a base de trabajo,
sacrificio y talento. Pasó por un calvario tras su lesión ante el Barcelona, que
retrasó la efeméride, pero ante el At. Madrid, cómo no, pudo celebrar un nuevo
paso en su camino hacia la leyenda que ya es: “Quiero más”. |