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El Real Madrid solventó el
partido previo a su compromiso de Liga de Campeones ante el Arsenal con un
cómodo triunfo ante el Alavés (3-0). Guti, Robinho y Cicinho confirman el buen
momento liguero de los blancos, aunque la mejor noticia de la noche fue el
regreso de Raúl.
La efervescencia creada en el entorno blanco
tras la 'casi gesta' copera del pasado miércoles ante el Zaragoza hacía
presagiar lleno en el Bernabéu. La realidad, no obstante, fue que el frío, el
próximo compromiso europeo y los numerosos
cambios en el equipo madridista marcaron la noche invitaron a quedarse
en casa y a disfrutar del choque por la televisión. |
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Y eso que el Real Madrid salió ante el Alavés como
si de una prolongación del partido de Copa se tratara. En cinco minutos, casi en
la primera oportunidad que tuvo el equipo, Guti
ya había escrito la crónica del choque. Su gol, a pase de Robinho,
certificaba el aire mandón con el que salieron los de López Caro y retrató, de
paso, la indolencia defensiva del cuadro vitoriano.
Más pálido aún se quedó Piterman en el baquillo al
que salió a lucirse cuando en la siguiente jugada Guti se inventó un pase hacia
Baptista que el brasileño, de chilena, estrelló en el palo. Robinho cogió el
rechace y colocó el balón en la escuadra,
dejando el partido en la disyuntiva de la goleada previsible o de la siesta,
para soñar con el Arsenal.
Y el Madrid,
obviamente, escogió dormir. Aprovechando la candidez del rival y
controlando el partido sin gastar más energías de las necesarias, le bastó para
demostrar que sobre el césped había dos equipos antagónicos. Sólo al final de la
primera parte los locales volvieron a pisar el acelerador y a rondar el tercer
gol. La impresión en ese momento era la de que ambos hubieran firmado acabar ahí
el partido.
Porque poco o nada quedaba para el segundo
tiempo en lo futbolístico. Si acaso, ver si el experimento de Diogo como
mediocentro seguía siendo tan efectivo o si Ronaldo o Baptista lograban romper
su extraño enfado con el gol. El primero fue el protagonista negativo de la
noche. Sin oportunidades para lucirse, el delantero tampoco se las buscó y
aunque la noche estaba preparada para la fiesta,
para el 9 hubo pitos.
La fiesta, sobra decirlo, estaba reservada para
Raúl. Ya antes de empezar el encuentro su imagen en el banquillo se iluminaba de
flashes. Cuando salió calentar se vio obligado a saludar al público y cuando
entró a jugar, el estadio se vino abajo. De ahí hasta el final, fueron
24 minutos del mismo Raúl de siempre:
la misma ración de garra, de lucha, de visión de juego y por qué no también,
igual manera de trastabillarse en los regates. Para lo bueno y para lo malo,
aunque con la lógica falta de ritmo, Raúl ha vuelto.
Y en la fiesta se coló Cicinho. El brasileño,
suplente de inicio, dejó claro que su concurso en este Madrid debe ser obligado
en este momento. Sus goles están dándole mayor vistosidad aún a un estilo que
más que otra cosa, aporta frescura y aire nuevo
al equipo blanco. Ingredientes básicos en la receta que debe seguir el Real
Madrid para fabricar un final de temporada feliz. El Arsenal está invitado a la
cena del martes. |