Comentaba el sueco en la edición impresa de este periódico que Nadal posee el
'liftado' de Vilas y el gusto por el combate del mejor Connors. Son éstos los
dos argumentos principales exhibidos durante la carrera explosiva de este chico,
19 años celebrados el pasado viernes sobre un escenario que le ha visto superar,
uno a uno, obstáculos que exigían una madurez y una resistencia a la adversidad
impropias de su edad.'Liftando',
"creando efectos increíbles", como declaró Roger Federer, mató la inspiración
del artista Gasquet a la vez que congelaba la grada; combatiendo contra 15.000
franceses, reunidos con el único propósito de que con su número uno no sucediera
lo mismo que con su joven promesa, devoró a Grosjean en dos días, y combinando
ambas cualidades convirtió al mejor del mundo en un tenista vulgar.
Los jugadores de ataque como el suizo o los dos
franceses se sienten extraños cuando alguien les obliga a defenderse. También
sufrió Puerta, que sí cuenta con armas en la retaguardia de su juego pero que no
deja de ser un jugador ofensivo que con su derecha busca el punto corto, y con
mayor motivo ante un tenista más resistente que él, que llegaba a la cita con el
depósito lleno después de firmar un torneo casi impecable en el que sólo ha
cedido tres mangas.
"Puerta es el jugador que más me ha hecho
sufrir en estas dos semanas", reconocía Nadal tras recibir el trofeo de un
madridista como él, Zinedine Zidane. Sudó más de lo que muchos aventuraban
porque se encontró con un jugador de características similares a las suyas.
Coraje para neutralizar el 'break' inicial, derecha 'liftada' o plana, según
convenía, para dominar durante buena parte del segundo set, que al final perdió,
y un resto ajustado a la línea de fondo que hizo retroceder a Nadal.
Así, más 'armario' que 'puerta', el argentino
empotró a Nadal lejos de la zona de definición y ocupó el centro de la pista,
soltó el brazo y se hizo con la primera manga en el juego de desempate. Esa
visita del doctor con 1-3 abajo y dos bolas de ruptura en contra obró el
milagro. Porque Puerta, de lesionado nada. Pero, como recordaba Thomas Muster,
el último zurdo que ganó en París y el último jugador capaz de encadenar
triunfos en Montecarlo, Barcelona, Roma y Roland Garros (25 victorias
consecutivas, 24 en el caso del español), uno de los pasos previos para ganar
algo grande es sentirse invencible, y así vive Nadal desde que aterrizó en la
tierra batida europea.
Un 'break' en el segundo parcial bastó para
equilibrar el marcador y devolver la confianza perdida al nuevo número tres del
mundo (supera a Safin y Roddick), que compartirá a partir del lunes el liderato
de la clasificación anual con Federer. El tercero fue suyo de principio a fin,
más que por la mejora de su juego, que la hubo, por esa dosificación del
esfuerzo que se exige el argentino y que le dio buen resultado en los quintos
sets disputados ante Cañas y Davydenko.
Pero no hubo quinto porque Nadal se empeñó en
que no lo hubiera. Hasta de tres bolas de set dispuso su rival para alargar el
partido, para convertirlo en drama. Igual que antes levantó un 0-40 gracias a un
servicio que mejora cada día (siete 'aces' en la final), ahora escapó de un
40-15 para lograr un nuevo 'break' y empatar a cinco. Sólo entonces se entregó
Puerta, un 'grande' recuperado para este deporte, valiente como Nadal, que con
bola de partido en contra siguió buscando el golpe ganador. Falló.
Ya dijo antes de jugar la final que con el
trofeo o sin él la semana siguiente viajaría a Alemania a comenzar la temporada
de hierba, una superficie sobre la que, al contrario que otros españoles, sí
disfruta. A Nadal le distingue otra virtud que es su constante dedicación, sin
distracciones para las que ya habrá tiempo, a un oficio que le fascina. Sus
ojos, muy abiertos, siempre encendios, revelan el estado de exitación perenne en
el que vive. Concentración máxima para mejorar las lagunas de su juego y jamás
renunciar a un tipo de pista por no contar con recursos imprescindibles para
ello. Él quiere ganar Wimbledon, también lo ha dicho. Quizá no quiera parecerse
a Vilas ni a Connors, quizá prefiera seguir el camino de Borg. París y Londres
siempre por delante de Melbourne y Nueva York.
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