"Creo que al principio me ha respetado demasiado", explicaba Nadal después de
algo más de tres horas y media de juego. Y lo sabía antes de saltar a la pista a
disputar "el partido más importante de mi carrera", sabía que ya se ha ganado el
respeto de todos en una temporada a base de talento, potencia y carácter
competitivo; de rebelarse contra la lógica, aunque sin éxito, en partidos como
éste de Miami o el de Australia ante Hewitt; de victorias como la de la final de
la Copa Davis ante Roddick o todas las que le han llevado a ganar en Suramérica
su segundo y tercer título de profesional.
Durante más de hora y media, sin una estrategia
definida, Federer se desquició. Ya avisó en la víspera, atendiendo al único
precedente entre ambos, jugado también en Miami, que no le gustaba jugar contra
él porque, además de zurdo, su juego liftado, sus efectos y la manera de
desplazarse por la pista le desconcertaban. Que no sabía cómo atacarle.
Entre dudas, entre subo a la red o intento
ganar el punto sobre la línea, en los dos primeros sets el guión se escribió al
contrario de lo previsto. Federer, del que Andre Agassi asegura que realiza
menos concesiones durante un partido que Pete Sampras, cometió 20 errores no
forzados en el primer set y un total de 74. Nervioso, sin ritmo, entregó el
servicio inaugural para viajar a remolque en el partido hasta el tercer juego
del quinto set.
"Por eso es el 'número uno', por eso ha ganado
18 finales consecutivas", reconocía Nadal, consciente de que sobrevivir después
de tres horas por detrás en el marcador, con dos sets en contra, resurgir y
acabar imponiéndose para lograr el título número 27 de su carrera, sexto Masters
Series, es algo al alcance de pocos privilegiados. Otro 'break' en el séptimo
juego del primer parcial encendió a Nadal y confundió más aún a Federer, que
también entregó el primer saque tras la reanudación .
Se encendieron entonces las alarmas, el
mecanismo de autodefensa del suizo, que sin variar el gesto comenzó a encontrar
líneas y mejorar su primer servicio, horrible durante tres cuartas partes del
enfrentamiento (nueve dobles faltas), al mismo tiempo que la electricidad de
Nadal perdía voltaje. Aun así, a pesar de llegar al 2-5 en contra, el mallorquín
reaccionó para forzar el juego de desempate y ganarlo con una autoridad
asombrosa.
Federer dudó de nuevo, y cuando se duda ante
Nadal, se suele pagar. En otra descarga, se situó con un 4-1 a favor, a dos
juegos de la victoria. Pero Federer siempre vuelve. "Con 4-3 y 0-30 a mi favor,
el árbitro cantó dentro una derecha de Federer que me pareció fuera". Aunque aún
no lo sabía, en ese lance perdió el partido. Y tuvo una oportunidad más, en el
desempate, el partido a dos puntos (5-3), pero el látigo del suizo encontró una
vez más, en el momento clave, la pintura blanca.
En la batalla física, en el ejercicio de
precisión necesario cuando los puntos se acortan, cuando la gasolina falta,
Federer arrolló a su rival, que no pudo igualar las 16 victorias consecutivas en
2001 de Ferrero, su rival en la primera ronda del próximo torneo de Valencia.
Comienza la tierra batida y Nadal es la referencia. El nuevo número tres de la
Carrera de Campeones, que también se mete por primera vez entre los 20 mejores
de la Lista de Entradas de la ATP, aspira en los próximos meses a convertirse en
'top ten' con una ayuda añadida. "No defiendo puntos porque el año pasado estuve
lesionado". |