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Cierto, el español (0 puntos, 12 rebotes y una asistencia, que es lo de
menos), encerrado dos días en un Hotel de Houston para curar una amigdalitis,
pisaba el más exclusivo de los clubes del planeta del baloncesto. Eso que los
americanos llaman All Star, la 'pachanga' de los grandes divos de la canasta.
Allí, en el espectáculo que sirve para los egos más descomunales exhiban
músculo y talento, y para que la gente se divierta con los ídolos, estuvo
Gasol un 20 de febrero de 2006. Y amenaza con no ser su última invitación.
Fundamental que en el 'show' impere el estilo de las burbujas, la fanfarria
americana de los símbolos e himnos. Tanto el talento exquisito de McGrady en
el Oeste, que estaba ante su público de Houston, necesitado de alegrías por la
deprimente marcha de los Rockets, como Lebron James (Cleveland), aquel
señalado como heredero de Jordan, tomaron las riendas del ego en sus
respectivas conferencias. Por ser el MVP del duelo de los fuegos artificiales.
Ganó 'el elegido'.
A cierta distancia, Gasol, discreto en su descaro,
se hartó de
tragar rebotes y se tiró una, agua, como aperitivo en el primer turno
que le concedió Avery Jonhson (Dallas), aquel base-bala de Phoenix reciclado
en entrenador novato pero de enorme proyección en dos años. Para lanzarse
hasta las pestañas y no mirar si al lado hay otro en mejor postura ya están
los fijos, los veteranos o aquellos cachorros sin complejos como LeBron
dispuestos a empezar su leyenda a golpe de chupar cámara y balón en cada
escenario. Eso sí, Gasol puso cara de oso 'grizzlie' cuando le quitó un rebote
al más fiero de los especialistas: Ben Wallace (Detroit).
La importancia del paso dado por pionero español no se explica por pisar un
All Star, sino por su pedigrí logrado en Memphis. Esto es más de efecto
mediático, cobrar la recompensa al trabajo, que la verdadera dimensión del
profesional que triunfa en la Liga más exigente del mundo —siempre bordeando
los 20 puntos y los 10 rebotes— durante cinco temporadas consecutivas. El
chico no es que haya variado mucho su repertorio de entradas que acaban en
mate y ganchos -le cuesta el tiro en suspensión- pero ha mantenido su
potencial en puntos y rebotes en una Liga en que los Kg y la clase por dentro
se pagan a precio de oro.
La fiesta de las estrellas es simplemente un peldaño en la escalera del
reconocimiento que ya antes la podía haber subido. Porque el trabajo se ha
fraguado en un lustro de lucha con el músculo afroamericano, del que gasta la
mejor generación de ala-pívots a de la historia de la NBA (los Duncan,
Garnett, Brand, Jermaine O'Neal, Webber...). Seguir bordeando la frontera de
los 20 puntos y 10 rebotes en una Liga tan devoradora de mitos, tan asfixiante
de partidos como la NBA esta vez sí tuvo premio. Porque ese servicio está al
alcance de poca gente. Llegó su hora al fin.
Ahora sí, Gasol es el jefe de Memphis, la primera y más fiable opción en un
grupo que puede empezar a mirar a los playoffs con regularidad. Y no es que
este curso, especialmente, sus prestaciones se hayan disparado respecto a la
trayectoria de los tres anteriores de aventura americana. Es que al fin, los
técnicos se han fijado en la importancia real del español, en el primer
'grizzlie' que pisa un All Star.
La cuestión es que ya no hay factores externos (desde el propio desprecio a
lo extranjero de sus comienzos hasta los bases anarquistas como Jason Williams
o aleros egoistas) para que Gasol sea el hombre-franquicia, el elemento de más
valor del equipo de Tennessee. En definitiva, el jefe con el que hay que
contar para jugarse la última. Lo dice su contrato y sus números ya sin ningún
elemento de distorsión de por medio. Sin disimulo,
Gasol es un valor
estrella y ya tiene el respeto de toda la Liga. Desde los jornaleros
hasta los más divos, de los entrenadores que le tildaban de 'blandito' a los
árbitros que antes le escamoteaban faltas. "Gasol es sin discusión la pieza
más valiosa de una franquicia con una solida estructura en crecimiento como es
Memphis", decía el Comisionado David Stern en las vísperas.
El chico no desentonó entre los grandes en un espectáculo dado a repartir
minutos entre reservas y dar el protagonismo a los figurones, que para eso han
sido elegidos por el público 'on line'. El técnico del Oeste Avery Johnson
dejó lucir el palmito a Gasol unos 14.13 minutos porque hay que regalar para
todos en una Liga promocionada, con jugadores y televisión, por todo el mundo.
Así es la nueva aldea global de la NBA. Como siempre, se trata de un especio
para el lucimiento, y en eso Lebron James y Tracy McGrady son únicos, ya que
Kobe Bryant no estaba por la labor de robar protagonismo en el Oeste al de
Houston, por lo menos en un principio.
En la segunda tanda de minutos, Gasol se lanzó dos en el tercer cuarto y se
topó con Ben Wallace, un tipo al que el talento le ha bendecido para el
trabajo oscuro de los rebotes y tapones. Y la defensa. 'La bestia' de Detroit,
así es donde más le luce su escaso talento, le colocó
dos gorros por
la ansiedad de español por estrenar su casillero de puntos. El de
rebotes, sobrado: 12 -6 en cada tablero- le daban como máximo del partido.
Curioso, más que en Memphis con muchos menos minutos, pero con menos
protagonismo y lucimiento para su indiscutible pedigrí.
Desde luego, Gasol lanzó menos que el francés Parker, por ejemplo e
infinitamente menos que los dos descarados que iban a por el MVP: LeBron y
McGrady. Difícil calibrar los minutos que juega cada general presente para
cada técnico. ¿Méritos o egoismos? Entre canastas, mates, alley hoops y toda
la parafernalia para salir en los highligths se llegó a un resultado apretado
de las dos conferencias al final. Los figurones entendieron que el
protagonismo era suyo. MacGrady y su amigo Bryant por el Oeste; Iverson y
LeBron a pachas por el Este.
Lo de menos era el resultado sino decidir quien era el valiente que decidía
el pulso entre los dos poderes. Tan anécdotico como que Gasol fuera el único
de los presentes que no viera el aro. Con tres tiros, y si en dos de ellos
tienes enfrente al aguafiestas Wallace, no se puede decir que sea una deshonra
en su primer All Star. El caso es que el Oeste, cuando se llegó a un 122-120
desfavorable, se entregó a una frivolidad de McGrady que acabó con los de la
orilla atlántica llevándose el duelo. Y LeBron (29 puntos, 6 rebotes,
2 asistencias y dos robos), que fue el que más empeño puso desde el
inicio, se llevó el MVP. |