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Los partidos que juega últimamente el Real
Madrid, especialmente fuera de casa, son una metáfora de su empeño por darle la
vuelta a la tortilla y 'quitarle' al Barça una Liga que siempre ha conservado a
buen recaudo. Emplea en 90 minutos la misma 'táctica' que para ganar la Liga:
pasarlas canutas las tres cuartas partes de la competición y sacar lo mejor de
sí mismo cuando el adversario está cansado, presionado, agobiado y tembloroso.
En la libreta 'luxemburguesa', los azulgrana son el Levante, o la Real: se
desenvuelven con suficiencia hasta que, de pronto, se deshacen como azucarillos
en líquido hirviendo.
Un Madrid defensivo y de aspecto poco
galáctico, acumula ya siete victorias consecutivas y fuerza la resistencia
anímica de un Barcelona que, teóricamente, no debería encontrar grandes
dificultades para barrer al Albacete en el Camp Nou y mantenerse con seis puntos
de ventaja sobre su 'pestoso' perseguidor a falta de cuatro jornadas para el
final. La psicología presionante es la única arma que le queda al Real. Y no la
maneja nada mal.
Una vez más, el equipo local, la Real Sociedad,
se creyó mercedor de mejor suerte y resultado tras el balance de esfuerzo, juego
y creatividad que arroja su rendimiento global a lo largo del partido. Una vez
más, el Madrid demostró que, sin Zidane, sin Salgado, sin Samuel o sin Figo es
capaz de padecer sin daño una avalancha de juego por las bandas y descerrajar un
par de tiros certeros una vez que Casillas, con sus paradas, ha dejado al
adversario con la moral por los suelos.
Con Celades de lateral derecho, la Real cargó
su juego por la izquierda, con las arrancadas y pases de Barkero y Garrido. Pero
Kovacevic no estaba en su sitio, Uranga tampoco llegaba con claridad y Karpin
notó pronto la presencia de Iker Casillas, el galáctico imperturbable del Real
Madrid. Si desmerecer a Borja, claro, que jugó siete minutos y recibió una
tarjeta amarilla.
Lo más claro de todo es que nadie es Ronaldo.
Ningún delantero de la Liga española asusta tanto, crea tal desconcierto en las
defensas, como el goleador brasileño. Y también quedó muy claro que no le hace
falta un asistente a tiempo completo. Con el cuarto de hora de un Guti condenado
al banquillo por las necesidades defensivas que se crea su entrenador, es
suficiente para golear por duplicado. El centrocampista madrileño dio el toque
de corneta desde su entrada en el campo, aunque en sus primeros minutos Casillas
estuvo al borde del fusilamiento en llegadas de Uranga y Kovacevic. Erraron el
tiro.
La Real pagó su falta de tino para subrayar su
dominio sobre el campo y el Real Madrid, a la carga en diez minutos de máxima
presión, dejó otro resultado que pone a pensar al Barcelona. El madridismo
adopta al Albacete como equipo filial, pensando en que los milagros existen. Y
la prueba está en el 0-2 de Anoeta.
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