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Durante los veinte primeros minutos, el cuadro local sorprendió a sus
aficionados con un fútbol alegre, dinámico y directo. El rombo dibujado por
Wanderlei Luxemburgo pareció ordenar a los integrantes del once y los jugadores
se movieron con orden, criterio y hasta ideas. Beckham volvió a dejarse ver en
la banda derecha. Figo tuvo libertad para actuar y apoyar a sus compañeros en el
ataque mientras que Gravesen su ubicó por delante de los centrales para recoger
los balones sueltos e imponer su fortaleza en el centro del campo.
El partido comenzó con un
gran susto para los anfitriones. No es que sus oponentes pusieran en apuros a
Casillas sino que, en la lucha por un balón aéreo, Romeo dio un cabezazo a
Walter Samuel y le destrozó la nariz. El argentino tuvo que retirarse del
terreno pero regresó una vez que los doctores consiguieron cortarle la
hemorragia. ¿Quién iba a pensar que su presencia iba a terminar siendo tan
relevante?
Desde los primeros compases,
el Real Madrid se hizo con el esférico y se dedicó a acosar a un adversario que
se dejó dominar. Las acertadas intervenciones de Moyá, la nutrida muralla
defensiva y la falta de puntería de los delanteros blancos impidieron que el
marcador se inaugurase en esa fase. Dos peligrosos disparos de Ronaldo, los
providenciales cruces de Iuliano y Ballesteros y un penalti no señalado del meta
vistante sobre Raúl hicieron prever que el primer tanto estaba a punto de
llegar.
En pleno acoso y derribo,
Roberto Carlos se hizo con un balón dentro del área, se escapó de Romeo y tocó
con suavidad ante Pereyra. El centrocampista argentino no midió su entrada y
golpeó al lateral brasileño. Ahora sí. Daudén Ibáñez señaló la pena máxima y
Figo aprovechó el lanzamiento para poner por delante a los suyos. Tanto va el
cántaro a la fuente que, al final, los locales obtuvieron el premio a sus ganas
de lograr la victoria. Pero la noche iba de sobresaltos. En su primera llegada
al área de Íker Casillas, Jorge López forzó una falta lateral que Campano se
encargaría de transformar en gol. El lateral vio mal colocada a la barrera y
sorpendió con un lanzamiento a puerta cuando todos esperaban el centro.
Si durante la primera parte
el Mallorca se había dedicado a defender, en la segunda mitad la historia no
varió en absoluto. Es más, los pupilos de Héctor Cúper se cerraron aún más en su
propia parcela con el objetivo de mantener el punto que ya tenían en el zurrón.
Esta estrategía se reforzó cuando Iuliano recibió su segunda tarjeta amarilla al
derribar a Ronaldo al borde del área. Una inocente pérdida de Jorge López
concluyó con la expulsión del italiano y la posterior sustitución del interior.
Los minutos pasaron. Los
anfitriones siguieron con el dominio territorial pero no inquietaron a Moyá. El
equipo se olvidó del juego por las bandas, los atacantes se empeñaron en entrar
por el centro y eso sólo contribuyó a facilitar las acciones de la zaga insular.
El técnico argentino sonreía desde el banquillo. No podía evitar el nerviosismo
pero veía con satisfacción como sus rivales se estrellaban una y otra vez con el
muro que construyó frente su área.
Todos los planteamientos son
defendibles. Todas las actitudes pueden llegar a tener su justificación. Pero el
fútbol no es de cobardes y, en esta ocasión, la suerte sonrió al único
contendiente que la buscó. En una acción extraña, en la que Figo se entretuvo
dentro del área, el signo del compromiso varió por completo. El portugués no
supo qué hacer y terminó abriendo hacia David Beckham. El inglés continuó la
jugada con un pase de la muerte que remató en semifallo Zidane. El rechace cayó
cerca de Samuel, quien metió la pierna con acierto e introdujo el balón en el
fondo de las mallas.
Los visitantes no supieron
sobreponerse a este duro varapalo. Cuando tenían tan cerca el empate, el tanto
del central madridista volvió a complicar su futuro en la competición y prolongó
su racha de derrotas. Lejos de lanzarse a por la igualada, siguieron sin
acercarse a los confines del campo pero empezaron a dejar espacios que fueron
aprovechados por sus oponentes. Michael Owen tuvo en sus botas la oportunidad de
aumentar su cuenta goleadora pero estrelló un fácil remate en el cuerpo de Moyá.
Para sentenciar el choque,
Solari se reivindicó con un golazo. El argentino recibió en el costado derecho,
se internó en el área, se deshizo con una finta de Nadal y conectó un disparo
cruzado y con rosca que se coló por la escuadra. El centrocampista volvió a
demostrar sus innegables cualidades y su conexión con el público. ¿Cómo puede
dudar alguien en el club en renovar su contrato? Sería impensable dejar escapar
a un futbolista de su calidad.
Con el final del duelo, el
Real Madrid se quedó como el único perseguidor serio del Barcelona. Con síntomas
de mejoría y con una nueva aureola de ilusión entre sus aficionados, los hombres
de Wanderlei Luxemburgo se dan una tregua de siete días. Habrá que esperar para
ver si esta recuperación tiene visos de seguir adelante o si sólo se ha debido
al hecho de tener delante a uno de los conjuntos más débiles que han pasado en
los últimos años por el Santiago Bernabéu.
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