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15/01/2005 |
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El Madrid aburre y no
es capaz de ganar al Valladolid |
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El Real Madrid se dejó los deberes sin hacer en el José Zorrilla y empató con el
Valladolid (0-0) en un partido que podría calificarse de soporífero, aunque nos
quedaríamos cortos. Luxemburgo tiró de rotaciones y alineó un equipo plagado de
canteranos y suplentes que aburrió hasta a las piedras. El pase a cuartos de
Copa se decidirá en el Bernabéu, donde los blancos tienen 'a priori' más
posibilidades. |
Repetimos: 'a priori'. El Madrid demostró que es tan malo (o tan bueno, seamos
optimistas) como el Valladolid. Los merengues no sólo no han marcado sino que,
además, se han mostrado totalmente inoperantes de mediocampo para arriba. Cierto
es que el Valladolid estaba bien plantado, y que su pareja en la contención
formada por Figueredo y Zarandona ha cumplido con su trabajo, pero cierto es
también que al Madrid hay que exigirle mucho más.
Lo que parecía ser el típico comienzo de partido,
un tanteo en los primeros compases, sin prisa por parte de ninguno y sin
ocasiones, se prolongó desde el minuto 1 hasta el 90. El Valladolid decidió
volcarse por su banda derecha. Raúl Bravo es un rival mucho más asequible que
Míchel Salgado y los blanquivioletas lo tuvieron en cuenta. Varios fallos
cometió el lateral zurdo del Madrid y en uno de ellos llegó la ocasión más clara
del equipo pucelano en todo el partido. Víctor centró pero el remate de Aduriz
salió fuera por poco.
En el Madrid insistía Solari, el más activo de
los blancos (de negro hoy), pero estuvo tan fallón como el resto. Owen entró en
el área un par de veces pero sus centros fueron muy inocentes... La ocasión
merengue más clara estuvo en las botas de Soldado, uno de los muchos canteranos
que alineó Luxemburgo, quien recibió un pase de la muerte de Celades, pero el
delantero falló.
La esperanza estaba puesta en que peor fútbol
no podía verse en la segunda parte, pero las leyes de Murphy mandan. El partido
se espesó aun más. El Valladolid se limitó a defender, parecían conformes con el
resultado, pero lo preocupante fue que el Madrid tomó la misma actitud. Dos
tiros desviados al final del partido de Míchel y Roberto Carlos, que había
empezado en el banco, fueron las únicas ocasiones de los madridistas. Tres
pitidos del árbitro, final y todos a casa, a dormir y olvidar lo visto. |
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(Noticias/Deporte/FanaticLand.com) |
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