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"Definitivamente no viajaré a Roma", explicaba
Ferrero, "y a lo mejor tengo que jugar la previa de Hamburgo", el último Masters
Series sobre tierra batida antes de Roland Garros. "Creía que me iban a dar
'wild cards' para los dos torneos, pero no ha sido así", reconocía tras perder
en Estoril ante Moyà. "No será bueno perderme dos Masters seguidos pero hace
mucho tiempo que no juego una fase previa. No sé qué voy a hacer".
Cualquiera que sea su decisión, Ferrero
necesita sumar puntos si quiere partir entre los 32 cabezas de serie en Roland
Garros, el torneo que, de confirmar su buen estado de forma, debería
catapultarle de nuevo hasta alguno de los 20 primeros puestos del ránking. En
este momento, tras descender hasta la plaza 98 al final del invierno, ya ha
progresado hasta la 42 gracias a la semifinal alcanzada en Montecarlo y la final
perdida en el Godó ante Nadal.
Si en Roma no afecta la presencia o no de
Ferrero, sí que molesta la ausencia de Roger Federer, conocida pocos
minutos antes del sorteo del cuadro, debido a una inflamación plantar en ambos
pies, a la que hay que añadir la más esperada de Lleyton Hewitt, que no
suele aparecer demasiado por la tierra batida europea hasta la cita de París.
"Para la ATP está resultando cada vez más difícil garantizar, como está obligada
por contrato, la participación de los primeros 50 jugadores del mundo en los
torneos del Masters Series. Se trata de un problema grave que debe ser resuelto
para garantizar los derechos de los aficionados y las enormes inversiones de los
organizadores y patrocinadores", señalaron desde la Federación Italia de Tenis.
No son nuevas este tipo de situaciones en los
torneos más importantes de la ATP. El año pasado, la dirección del Masters
Series de Madrid también se quejó tras conocer las bajas de, precisamente,
Federer y Hewitt (el australiano nunca ha jugado en la capital española después
de tres ediciones), además de la de Andy Roddick, que como primer
favorito sí viajará a Roma para disputar un torneo que arranca el lunes.
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