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Fernando Alonso consiguió su
segunda victoria de la temporada y décima en su trayectoria en un GP de
Australia plagado de accidentes que afectaron, entre otros, a Schumacher, Massa
y Montoya. Raikkonen y Ralf Schumacher, acompañaron al español en el podio. El
'safety car' tuvo que salir en cuatro ocasiones.
Mereció
la pena el madrugón. De principio a fin, el
regreso del Mundial a una pista ratonera, tradicional punto de inicio del
campeonato, resultó movida, accidentada, entretenida para el espectador en la
misma medida que estresante para los pilotos. Excepto para Fernando Alonso, que
pudo con todo y con todos para imponerse en Albert Park. |
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Para Alonso se antojaba, como en
Malasia, una salida decisiva. Sin embargo, antes de la misma
la cosa se clarificó bastante. Fisichella, ya con el semáforo
a punto de marcar el comienzo, alzó los brazos y casi podría
decirse que también la bandera blanca, la rendición ante la
evidencia de que con el mismo material con el que Alonso
construye un título mundial, él apenas ofrece una regularidad
cogida por alfileres. Cuarenta vueltas después, ya olvidado el
incidente de la salida, desde la radio se decía al italiano
que marchaba dos segundos más lento que el español con la
misma carga de gasolina, que "eso no podía ser".
Baño de realidad para
'Fisico'. En
el comienzo, sin el italiano de por medio, Button tuvo
sencillo saber de quién le vendrían los ataques. Alonso lo
intentó en las primeras curvas como si la carrera se acabara
ahí pero el británico mantuvo bien el tipo y aunque era obvio
que su Honda iba muy ligero de carburante, en esos momentos
parecía lejana la blandura de
su conducción, que le terminaría pasando factura
posteriormente.
La primera prueba la tuvo
apenas unos minutos después. Mientras la televisión se quedaba
con el duelo de cabeza, un Ferrari demostró que estar en la
clase media del pelotón no es lo suyo. Fue Massa, en un
accidente en el que también dijo adiós Nico Rosberg. La
consecuencia del incidente fue la entrada del 'safety car', el
coche número 23 de la parrilla en el mediodía australiano.
Tras su primera aparición, Alonso superó a Button, mantequilla
ante la ambición del asturiano, que se colocó líder y comenzó
a abrir una sustanciosa
diferencia sobre Raikkonen. El finlandés estuvo poco
avispado en este momento de carrera porque mientras que el
piloto de Renault se marchaba, él vio con impotencia cómo el
inglés era ahora su tapón.
Cuando más podía atraparle la
ansiedad al finlandés, otro aparatoso accidente, en este caso
del austriaco Klien causó una nueva irrupción del coche de
seguridad mientras se limpiaba la pista. Cuando la carrera se
relanzó, Raikkonen al fin se colocó segundo, con lo que el
duelo que todos esperaban entre Alonso y Kimi parecía
planteado. Pero vuelta a vuelta, se vio que el Renault estaba
en otro escalón superior. La
diferencia subió hasta los 15 segundos al entrar a
boxes por primera vez, con lo que si todo hubiera ido de una
forma tranquila hasta el final, se podría decir que la
victoria pintaba de rojigualda.
Pero si algo tuvo el Gran
Premio de Australia no fue precisamente calma. La cercanía de
los muros en ciertas zonas del trazado penalizó de forma
escandalosa los fallos de pilotaje. Y quién lo diría, el
primero de los errores más visibles que se pudo presenciar
hasta el final lo cometió Michael Schumacher. El alemán,
heptacampeón del mundo, venía con el punto de mira fijado en
Button, que por esos momentos marchaba quinto. El Ferrari
recortaba dos segundos por vuelta, apurando cada frenada,
subiéndose en cada piano. Fallo. En uno de ellos, sus
neumáticos izquierdos se apoyaron en el césped. El chasis botó
al final del bordillo, el
piloto perdió el control y los restos del monoplaza
se esparcieron por el asfalto. Con ellos, y ya nuevamente con
el 'safety' en pista, la ventaja de Alonso quedaba reducida a
cero. Volver a empezar.
Y aunque al español pareció
no incomodarle esta nueva situación, una vuelta después su
fuerza de concentración pasó por otra prueba. Liuzzi también
destrozó su coche y por
cuarta vez el coche de seguridad (¿repostaría entre
vez y vez?) hacía acto de presencia. La locura en la que se
había convertido la carrera había hecho extraños compañeros de
viaje y eso perjudicó a Raikkonen, que tuvo que pasar a un
doblado que circunstancialmente estaba delante de él. Sin
embargo, a otros les vino bien: Ralf Schumacher, sin
esperarlo, se topó con una tercera posición que ya no soltaría
hasta el final.
Hasta el final no hubo mucho
más. Fernando Alonso aumentó la ventaja hasta los 10 segundos
que le permitieron vivir con tranquilidad, ahora sí, las
últimas vueltas. Raikkonen quiso apretar pero se quedó sin
espacio y tiempo. Ralf Schumacher confirmaba su tercera
posición. Y por detrás, en el duelo de vencidos por las
circunstancias entre Button y Fisichella, ganó el italiano, en
la misma línea de meta y después de que el inglés completara
su desastrosa carrera con una rotura de motor que dejó su
coche en llamas. Alguno, viendo el fuego, se acordaría del
agua: la lluvia fue lo único
que le faltó a la carrera. |