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La película, con guión de los hermanos Andy y
Larry Wachowski -los de 'Matrix'-
basado en un cómic de los 80 de Alan Moore, sitúa a un enmascarado justiciero en
los límites difusos de un Robin Hood o El Zorro y un terrorista, con ribetes de
Osama bin Laden. El
enmascarado, identificado con una 'V',
amenaza con volar el Parlamento británico con un "recuerden esa fecha: el 5 de
noviembre" y mientras espera ese momento va dejando un rastro de cadáveres.
No tiene un trato de villano, sino de
héroe romántico y elocuente al que
nunca se verá la cara, pero que enamora a una joven -Natalie Portman- y la
convence de la legitimidad de su lucha.
El enemigo a eliminar es un dictador que ha
trasladado a Gran Bretaña no sólo la estética de Adolf Hitler, sino también el
propósito nazi de exterminar a extranjeros, homosexuales y opositores, a los que
tortura en campos de concentración.
Ante esa situación, el buen terrorista V,
víctima él mismo de uno de los delirantes experimentos de la dictadura,
llama a la movilización popular.
"El tema está ahí y los paralelismos también,
pero la película estuvo terminada antes que las bombas en el metro de Londres
(el pasado julio) y el cómic era anterior al 11 de septiembre (de 2001)", dijo
McTeigue tras la exhibición del film en la sección oficial fuera de concurso.
Portman, que reapareció con el pelo corto tras
el espectacular rapado que luce en "V de vendetta", aludió a su origen israelí
para dar su opinión sobre la violencia: "En mi país es un tema de cada día. Es
interesante que se plantee en cine".
John Hurt, intérprete del dictador británico,
eludió la pregunta de si su personaje se inspira en Hitler, la ex primera
ministra británica Margaret Thatcher o el presidente estadounidense, George W.
Bush, y dijo que simplemente era un "líder fascista", sacado de un cómic y por
tanto con un tratamiento plano, no tridimensional, como sería el caso de un
político real.
La proyección de 'V de vendetta' en Berlín dio
la oportunidad de ver lo que durante toda la película queda oculto: el rostro de
Hugo Weaving, a quien compete la difícil tarea de llenar de expresión a su
rígida máscara blanca con sardónica sonrisa.
"Mi tarea consistía en transmitir una idea, no
un rostro. Mi instrumento fue la voz y en ella centré mi interpretación", dijo,
para añadir que desde el principio aceptó sin pestañear el arduo trabajo de
protagonizar un film en que nunca se le ve el rostro. |