|

Rafael Nadal Parera nacio el 3
de Junio de 1986 en Manacor,
Mallorca.
Su
nombre de pila (así como le llaman su familia y amigos) es Rafa o
Rafi.
Sus padres son Sebastián y
Ana Maria y tiene una hermana pequeña Maria
Isabel (13 años).
Su
familia nunca penso que llegaria a ser tenista porque de
pequeño siempre jugaba al futbol o al basket. Pero desde los 4 años
juega al tenis y su entrenador es su propio tío Toni Nadal. Su
manager Carlos Costa, siempre ha querido que no se creyera una
estrella y que tuviera los pies en el suelo lo que ha favorecido
mucho a su esplendida carrera.
Su
primer campeonato fue el de Baleares con 8 años.
Su
madre reconoze que a Rafa le gusta más ver el futbol por la tele que
el tenis pero cómo se le da mucho mejor el segundo, se dedica a ese
(hay algunos jugadores de futbol que opinan que sería mejor jugador
de futbol que de tenis).
Rafael Nadal tiene todas las bazas para
convertirse en uno de los 10 mejores tenistas del mundo. Con sólo 18 años, el
joven mallorquín ha sido la revelación del equipo español.
Con la melena negra atrapada en un turbante blanco y la tez morena, Nadal ha
fijado con este gesto plástico de empuje y autosatisfacción su estampa de
triunfador en las pistas del circuito mundial, en el que pugna por entrar en el
top-ten, el club de los 10 mejores jugadores.
El gesto y la vehemencia juvenil del grito señalan una jerarquía, y remiten a un fotograma de una película con un
jefe apache o a una metáfora del perfil jubiloso y arrogante de un felino en la
selva. “Nunca pensé qué características de un animal salvaje (velocidad,
elasticidad, resistencia, potencia) encajarían en el estilo de mi juego. Jamás
en mi vida. No tengo ni mascota”, dice Rafael, sorprendido por la descripción.
“Sí me considero un jugador potente, que juega agresivo”.
Rafael Nadal es el rostro exultante que se fijó en la retina de miles de
espectadores cuando salvó el pase a la final de España en la Copa Davis, o al
derrotar en Miami a uno de los números uno, Roger Federer.
El descubrimiento de Nadal se produjo al vencer, hace dos años en Hamburgo, a su
íntimo compañero y también mallorquín Carlos Moyà. “No me dio pena ganar a Moyà,
un buen amigo y una estrella del circuito. Me supo mal por él, no por mi
victoria. Jugó bastante mal aquel día, se puso nervioso. Yo siempre salgo a
ganar y quiero ganar, aunque sea hermano o un gran colega. No conozco a nadie
que salga a no ganar. Si Carlos hubiera competido a su nivel y estilo, me habría
ganado”, manifiesta. Lo mismo dijo de la victoria con Roger Federer, “que lo
tiene todo y hace cosas ahora mismo que nadie sabe hacer. Fue increíble
derrotarle, un sueño. Si hubiéramos jugado bien los dos, él me hubiera vencido.
Es el mejor en la actualidad. De todos los jugadores que he visto me interesa
Pete Sampras. Recuerdo en la televisión un encuentro impresionante de él con
André Agassi, otra estrella que aún compite”.
El sonido agudo de una sirena marca el final del tiempo en las solicitadas
pistas del club de tenis Manacor, la ciudad donde nació Rafael Nadal y en la que
vive cuando no compite o viaja por el mundo de torneo en torneo. “He ido a
muchos países y ciudades, pero no los conozco. Entreno, juego, descanso en el
hotel y otra vez al aeropuerto. Lo más cansado son los largos viajes y el
cambiar de clima, pero mucho más duro es una derrota tras un mal partido”.
Como a cualquier joven de su edad, a Nadal le entusiasman los juegos de
ordenador y las carreras de fórmula 1: “Me gusta jugar con la Play Station en
las horas muertas, pero nunca al tenis imaginario. Con mis amigos y con otros
tenistas charlamos por Internet”.
Rafael Nadal es para los especialistas una estrella emergente, el mejor de su
generación y el más precoz, con una trayectoria parecida a la que tuvieron las
grandes figuras como Michael Chang, Hewitt, Moyà, Becker o el ya histórico Borg.
“No se puede decir que Rafael haya sido programado con un molde desde niño o que
sea producto mío, no”, afirma Toni Nadal, de 44 años, su tío, entrenador y
asesor, que ha dirigido desde los tres años de edad la evolución de Rafael. “A
mí me corresponde guiarle para que sea siempre correcto. Es un joven normal,
buena gente”.
Las paredes del club de tenis de Manacor están decoradas con carteles y fotos de
Nadal, pero allí es sólo Rafel, a secas, como le llaman en su casa, o Rafalet,
que evoca al niño que con ocho años sorprendió a todos al proclamarse campeón.
“No me acuerdo de cuando empecé. Era muy pequeño… A los tres o cuatro años, ya
toqué la pelota porque mi tío Toni era profesor de la escuela del club. Seguí y
continué, como cualquier otro chico normal. Jugué por hobby. Entrenaba sin
plantearme ser un profesional. Poco a poco jugué mejor. Fui campeón de España a
los 11 años y a los 12, y campeón de Baleares a los ocho años”.
Rafael Nadal soñó de niño con ser una estrella del fútbol; como su tío, Miquel
Àngel Nadal, futbolista del Mallorca y antes del Barcelona. “Jugué al fútbol
hasta los 12 años, con el Manacor. Ahora ya no juego al fútbol, sería peligroso
porque podría lesionarme”.
Nadal es un tenista metódico, calienta en el vestuario y tiene una manía:
ducharse siempre antes de jugar. Jugando, al golpear la pelota con fuerza emite
un gemido-exhalación muy característico. Maneja la izquierda y agarra la raqueta
con las dos manos. “Soy zurdo en el tenis y en el fútbol, pero para para comer o
escribir soy diestro. No creo que ser zurdo en el tenis suponga tanta ventaja
como dicen. En el circuito hay bastantes zurdos y no se ve descompensación en
los resultados frente a los diestros”, afirma.
A los 18 años, con 1,85 metros de estatura y 82 kilos de peso, Nadal rechaza
tener ventaja por ser el más joven de los torneos : “Todos están muy preparados
físicamente, y en el tenis no necesitas reventarte. Un tenista de 27 años está
igual o mejor que yo. La suerte es mínima. Hay gente que desarrolla la potencia
y saca muy fuerte, y cada uno tiene su virtud. En el tenis actual es
determinante la potencia”.
Rafael Nadal no es un tenista obsesionado con el tenis. Ni tiene pista en su
casa, ni la desea. “Ya me basta con las que veo en la competición y las del club
Manacor, a dos minutos de mi domicilio. No hace falta ver más las pistas”,
subraya este profesional que en 2003, a consecuencia del éxito, dejó aparcados
sus estudios en el instituto público al que acudía. “El tenis le fue muy bien la
pasada temporada”, dice su tutor deportivo, Toni Nadal, que lleva 15 años
moldeando la carrera del joven prodigio.
“Los jugadores que triunfan no se inventan. Quien funciona o falla es el
deportista”, advierte el entrenador. “Estoy con él desde que empezó. Compitió y
ganó a los ocho años; empezó a destacar muy joven, primero en España y después
en Europa, y finalmente entró en el circuito. Todo es muy duro. De pequeño
intentaba corregirle los golpes, luego enseñarle el juego y competir”.
Rafael Nadal –igual que Moyà o Juan Carlos Ferrero– triunfa en el deporte y
también como un icono publicitario adolescente gracias a su imagen y estilo
personal. Tímido, mediterráneo, con rasgos y gestos carismáticos –“no me creo un
sex symbol”, afirma–, lleva ya seis años con contratos con las grandes marcas
deportivas para que use sus prendas y exhiba sus emblemas.
Nadal tiene los pies en la tierra y, a pesar de su juventud, sabe que lo suyo es
pura afición. “No creo que se pueda decir que mi carrera fue diseñada desde niño
para ser un triunfador, un campeón profesional. No te das cuenta; las cosas van
pasando, llegas y estás. Entreno igual que un tenista que está el número 1.000
de la clasificación y que a lo mejor no le consideran profesional”. Cada día,
Nadal se emplea a fondo con la raqueta durante tres horas y media en la pista, y
luego una hora más en entrenarse. “Hago trabajo físico, corro o voy al
gimnasio”.
Decenas de tenistas del club miran con arrobo a Rafael Nadal, su tenista figura.
“Aquí es todo muy tranquilo. En Manacor me conocen desde siempre, soy uno más y
no tengo por qué cambiar en nada. Es la suerte que tenemos Moyà y yo en
Mallorca. Pocos tienen la misma tranquilidad que disfrutamos nosotros aquí”.
Sintoniza con los gustos musicales de la mayoría. A Nadal le gustan Maná, Bon
Jovi y Bryan Adams. En el cine admira a Morgan Freeman y Denzel Washington, y no
se inclina por ninguna actriz ni modelo. “No tengo actrices preferidas y no sigo
demasiado el mundo de la moda. ¿Novia? No tengo”, afirma un tanto inquieto.
Rafael Nadal quiere aparentar frialdad y distancia. Cuando se le comenta su
anuncio de una nueva marca de galletas, apostilla rápido: “No me he visto en
televisión”. Pero sí repasa con detenimiento sus partidos grabados en vídeo.
“Los errores los noto en el juego. Siempre me acuerdo de los que juego bien y
también de los que juego muy mal. Los partidos normales se olvidan”.
Nadal tiene claro que aún no ha llegado a la meta. “No he alcanzado todo lo que
desearía a mi edad. Espero llegar al top-ten, es mi meta. Lo era ya este año y
me lesioné, pero voy hacia allí. Había empezado bien, pero todo el mundo quiere
estar en el top”.
|